INFORME DEL COMITÉ EJECUTIVO DEL PCM PDF Imprimir Correo
Escrito por pcmadrid   
Viernes, 22 de Enero de 2010 11:19

(19-I-10) 

El año ha terminado con 800.000 nuevos parados, arrojando el paro oficial registrado los cuatro millones de trabajadores, de los que medio millón son madrileños. Esa es, estadísticamente, la principal preocupación de la gente, junto a la corrupción e ineficacia de los políticos. Su colofón, que debemos rechazar radicalmente, el desprestigio de la política.

 

Termina el año, simultáneamente, con índices record en el alza del IBEX y con el mantenimiento de la tasa de beneficios de las grandes empresas financieras y de servicios -que ya anuncian subidas de tarifas-, con un proceso de acumulación sostenido, unas fusiones de cajas de ahorro, subvencionadas por el estado, que suponen nueva destrucción de miles de puestos de trabajo, con el anuncio de "modificaciones" en el sistema de la seguridad social y las pensiones,...Todo eso que no está, sin embargo, en las preocupaciones fundamentales expresadas por la gente, se produce en un escenario en el que el presidente de la patronal aguanta desafiante la impudicia de su gestión nacional e internacional sentado con las serenas cúpulas sindicales fundamentalmente preocupadas por no desestabilizar al gobierno tras el cauteloso correctivo que ha supuesto la movilización del pasado diciembre.

 

 

Esas son las condiciones objetivas y subjetivas en las que enmarcar YA nuestra acción política -al mismo tiempo que todo lo que internamente tenemos mandatado- sin la cual será imposible la movilización que nos marcan como objetivo el Congreso y el Comité Federal y que asumimos como acción sinérgica a la refundación de un proyecto anticapitalista y republicano organizado como movimiento político y social en el que los comunistas, reforzados política y organizativamente, tenemos que ser la parte determinante.

 

Llegamos al Congreso Federal con una posición crítica, rigurosa y leal, expresada en la resolución precongresual avalada por la mayoría de nuestro Comité Central, que no ha sido compartida. No es problema, sino un estímulo para aplicar, como siempre, lo que política, organizativa y estatutariamente se ha aprobado, sin que ello suponga la renuncia a la constructiva defensa de lo que consideramos no ha quedado resuelto en un Congreso en el que, al menos, los objetivos políticos y las propuestas programáticas resultan incuestionables, otra cosa siguen siendo, a nuestro juicio, la estrategia y las reglas del juego aprobadas para su consecución. En síntesis, los objetivos políticos, reafirmados en el informe del Comité Federal que, en su momento difundimos, se refleja en la apuesta por nuestra soberanía para contribuir a la refundación de IU según lo aprobado en la Asamblea Federal y, en paralelo, contribuir a la movilización social contra la crisis.

 

Nos proponemos refundar IU sobre las mismas premisas y objetivos que hace veinte años nos llevaron a su fundación. La novedad metodológica, cuando no hemos sido capaces de sacar adelante las "áreas de elaboración colectiva", es el impulso de "foros de participación" para el proceso constituyente de un necesario bloque antagonista al sistema y con la voluntad sostenida nominalmente de "hacer política de otra forma", como movimiento político y social, pero las pautas del proceso son todavía indefinidas y los tiempos se ralentizan.

 

Hace veinte años IU surge de nuestra frustración electoral en una atmósfera social en la que todavía calentaban los rescoldos de la ilusión por la democracia recuperada y en la que gran parte de la ciudadanía se encontraba ilusionada por la movilización contra la OTAN. Hoy la crisis golpea a la clase, debilitado el movimiento obrero, en una sociedad corrupta, despolitizada y con claros síntomas de fascistización. Descontados sus objetivos -llamada de atención, inducción al miedo, etc.- las encuestas sitúan bien al PP, más, incluso, en los feudos de su vorágine de corrupción. Nuestra responsabilidad en todo ello, distinta en todo caso que la del PSOE, es, sin embargo, muy grande.

 

La gente, quizá más alienadamente, sigue siendo de derechas y de izquierdas y no son mejores que hace veinte años las condiciones subjetivas para experimentos político-sociales. Hay menos ilusión y formación y tanto dogmatismo y sectarismo fuera como dentro.

 

Hace veinte años tuvimos como paradigmático que en el proyecto que ideamos deberíamos llegar a ser los menos. Seguimos siendo los más, pero, paradójicamente, el paradigma se ha cumplido. Hemos nutrido las corrientes y familias existentes –en contra de los acuerdos congresuales-, mientras algunos se han asilvestrado y otros que no procedían de nuestra cultura han ido abandonando el proyecto. También es cierto que algunos se han ido incorporando, pero, ni hemos hegemonizado una formación política "distinta" ni configurado un movimiento social revulsivo. Para la hegemonía política y social del anticapitalismo el Partido sigue siendo necesario en un momento de extrema debilidad de la izquierda real en su conjunto.

 

En las nuevas condiciones la necesidad de la refundación no es un éxito. Lo es el sentido anticapitalista y republicano que sobre el papel hemos impreso al proceso constituyente de la nueva convergencia. Pero ese proceso, según lo afrontemos como comunistas organizados y cohesionados, significará en el proceso refundador la hegemonía de un marxismo revolucionario que no renuncia a la tradición de alianzas políticas y sociales o nuestra dilución definitiva en un proyecto radicalmente socialdemócrata y pretendidamente transformador que chocará contra la tozudez y violencia del sistema.

 

Hemos pasado veinte años esforzándonos en practicar una forma de estar en IU en la que debemos seguir creyendo y poniendo la otra mejilla en cada proceso, en la falsa esperanza de que nuestra forma de entender y practicar la pluralidad tendría correspondencia por parte de los que siempre, y aún, siguen trabajando "organizadamente" en un proyecto al que debemos aportar la parte sustancial de su programa frente al modelo económico y social imperante sin renunciar a nuestra voluntad de cambiar el sistema. Hoy no es nuestro dilema la participación en una formación plural, sino garantizar nuestro papel como herramienta de la clase que debe seguir apretando hacia la emancipación en un proyecto cuyas contradicciones internas no se superan y que parece haber entrado en una involución programática. Ambos extremos quedan patentes en los documentos aprobados en el reciente Consejo Político Federal de IU.

 

Hoy nos encontramos en la encrucijada de adaptar nuestro papel histórico a las nuevas circunstancias mientras impulsamos una nueva convergencia y, en la actual realidad de IU y del país, probablemente debemos apartar la nostalgia de aquel Partido prestigioso y acompañado en el viaje por muchas y muchos compañeros conscientes de nuestra estratégica y prudente presencia. Pero ese rechazo de la nostalgia no es lo mismo que la renuncia a la acción política clásica en un momento en el que coinciden la clara involución social y la agudización de la crisis. Acción política que debemos incrementar en estrecha colaboración con la UJCE.

 

Por acuerdo congresual vamos a volver a intentar construir algo distinto a los partidos que siguen recibiendo la confianza electoral del noventa y cinco por ciento de los ciudadanos que siguen votando, en la esperanza de que muchos de ellos y los que no votan nos vean como alternativa a su frustración política o a su rechazo a la esperpéntica imagen que viene arrastrando la política. Pero, en previsión de que ello vuelva a ser imposible y de que sea inviable un movimiento social eficazmente antagonista, no debemos seguir imponiéndonos las limitaciones que se han mostrado responsables de la mayoría de nuestros males y de los del propio proyecto desde que optamos por dar a nuestra participación en él un sentido que no debe seguir diluyéndonos como un azucarillo. Por eso, apoyándonos en la ratificación de nuestra soberanía como partido, debemos intensificar nuestra participación activa en lo que se mueva como expresión del conflicto social, aunque sean parciales sus objetivos, y en toda reivindicación por concreta que sea si es realmente crítica, con la obligación pedagógica de inscribirlos en la totalidad sometida a la contradicción principal. Esa es la vía para impulsar un movimiento social cuyo objetivo sea el cambio de modelo y de sistema, siempre que, siendo conscientes de nuestra fuerza real, sepamos impulsar y estar en aquello que nos sea realmente útil como partido instrumento de los intereses de clase.

 

Pero, como partido político, seguimos siendo "institución" aunque nos presentemos a las elecciones en una fuerza política plural y es por ese irrenunciable papel institucional por el que debemos esforzarnos para que sea hegemónica en la refundación del proyecto nuestra apuesta anticapitalista, republicana, federal y socialista como premisa del estado emancipador, como construcción social de una ciudadanía emancipada desde lo público, desde la socialización de la riqueza y la planificación democrática de la economía. Por eso, al mismo tiempo que vamos pulsando nuestra capacidad, o no, para configurar un movimiento político, social y cultural revolucionario, no podemos perder de vista la necesidad de un "frente" político beligerantemente anticapitalista como los que están cobrando impulso en Francia o, especialmente, Alemania.

 

Obviamente, lo uno y lo otro, son elementos sustanciales y dialécticos del proceso constituyente que debe ser la refundación y, al mismo tiempo, tanto lo uno como lo otro, enormes desafíos en una federación como la nuestra cuyas tradiciones y peculiaridades huelga glosar aquí nuevamente. En todo caso, conviene señalar que tras el brillante arranque de IU después de la Asamblea Federal, al que decisivamente contribuimos con el llamado Documento de los Cien, hoy parece nuevamente sumida en la angustia de la amenaza de un gobierno del PP, enfatizando propuestas en lo superestructural, útiles frente al desmantelamiento cultural, pero que deben ser explicadas en relación a la contradicción principal, experimentando un nuevo giro "antineoliberal" frente a la beligerancia anticapitalista de la Asamblea Federal, excesivamente atenta a la opinión y estrategia de CC.OO, abandonando elementos programáticos sustanciales como la implantación inmediata de las 35 horas y cayendo en ambigüedades en temas como la prostitución. Todo ello, por mantener un equilibrio interno que no facilita la acción política y sigue desdibujando la imagen de un proyecto empeñado en reagrupar "desde la socialdemocracia consecuente hasta la izquierda antisistema", lo que, poco tiene que ver con la refundación, la convergencia y la contestación que hoy requiere la situación.

 

IUCM, por su parte, parece centrada casi exclusivamente en la derrota del PP en la comunidad, desdibujada como oposición institucional, subsumida en los pactos municipales con el PSOE e inerte en relación a la refundación del proyecto que sigue sin estar en su agenda. Frente a esto último, la esperanza está en nuestra capacidad para trabajar cohesionadamente, contribuyendo al funcionamiento democrático de sus órganos y a su eficacia política.

 

Tenemos que superar el vértigo al evidente rechazo que en algunos seguimos causando en IU como Partido -probablemente no como comunistas-, tanto en no camaradas como -y ello es nuestro principal fracaso- en camaradas que siguen pagando sus cuotas e incluso cumplimentando la nueva ficha de la que nos hemos dotado en acatamiento de las disposiciones legales. Más allá del debate que venimos sosteniendo con aquellos que sólo nos toleran como club de intelectuales orgánicos desorganizados e implícitamente rechazan nuestra presencia como partido en IU, el proceso, al que vamos a contribuir como los que más, va a seguir presidido por las tensiones que no hemos superado en el reciente Congreso Federal y que dificultan nuestro trabajo en IU con camaradas que, afianzados en el principio "un hombre, una mujer, un voto", lo practican contradictoria y estatutariamente integrados en corrientes, de facto o de derecho.

 

Aunque después de lo aprobado en el reciente Consejo Político Federal de IU está menos claro, teóricamente, nuestras posiciones, las minoritariamente mayoritarias en la última Asamblea Federal, son, en tal sentido, aceptadas en IUCM, pero en relación a los colectivos organizados que en ellas nominalmente se apoyan, representamos poco los que las sustentamos desde el convencimiento de las profundas transformaciones que debe suponer la refundación para que sea un instrumento útil para la clase como formación política y como movimiento social y no nos desenvolvemos en IU como "corriente", prohibición tajantemente expresa en el Congreso Federal y que sigue sin ser acatada por muchos y muchas comunistas en esta federación.

 

Hay una responsabilidad colectiva en nuestro retroceso en IUCM tras su última Asamblea, pero no es una responsabilidad equidistante, porque no es lo mismo la discrepancia política u organizativa que el incumplimiento de las decisiones democráticas de los órganos.

 

Para que en cada localidad y en cada barrio sean posibles la comprensión y el acercamiento social que la refundación precisa, nuestra participación es fundamental en las asambleas locales, distritales y sectoriales de IU. No importa que en algunas no se comparta o se rechace nuestra beligerante y abierta posición anticapitalista y republicana. Esa es la que, sobre el papel, adoptó IU Federal. Ese es el patrimonio político que no debemos consentir se pierda por readaptación a las costumbres del lugar y la eventual involución del proyecto. En todo caso, convendrá volver a recordar que la mayor parte de las preocupaciones e inquietudes que nos ha generado y nos generará IU en su proceso refundador, estarían de más si todos y todas hubiésemos actuado y actuamos en el futuro con cohesión interna en y hacia ella.

 

Más allá del mandato congresual y estatutario, respecto al que ni necesitamos ser los primeros ni debemos ser los últimos, estamos convencidos de la utilidad de la celebración de nuestro congreso de federación, pero, todo lo anterior, nos sitúa en un escenario inmediato creativamente activo para explicar a la gente nuestras alternativas mientras nos fortalecemos, y viceversa. Para ello, hacia fuera, disponemos de la guía programática que, como instrumento de debate y de trabajo, hemos aprobado en el Congreso Federal y que, sintéticamente en un primer momento, debemos utilizar para volver a acercarnos a la gente a pie de calle en los barrios y en los centros de trabajo y de estudio. Ese es el elemento esencial de la paradigmática visibilización de la que nos reclamamos. (Se adjunta propuesta de contenidos para empezar a difundir por cada agrupación o conjunto de agrupaciones con autonomía de tiempo y lugar, pero en coordinación con la dirección regional).

 

En lo interno, pero también como actos abiertos a los entornos ciudadanos más próximos, debemos seguir con la entrega de carnés en todas las agrupaciones, y retomar y desarrollar cara al Congreso, los elementos propositivos del extenso informe que, tras su consulta a las agrupaciones como pausa reflexiva para la acción, aprobamos en el Comité Central. Es preciso reconocer que fueron pocas las agrupaciones que lo debatieron y muchas menos las que hicieron aportaciones. El proceso congresual nos plantea como reto el vencer la inercia, la percepción paternalista de arriba-abajo que muchas agrupaciones padecen, y conseguir un Congreso del PCM tanto desde la dirección saliente hacia la organización como, más importante, desde las agrupaciones hacia el congreso. Un proceso congresual como proceso vivo contra la crisis, como revulsivo contra las inercias que padecemos y como oportunidad para crecer.

 

Con las limitaciones legales y previstas en los estatutos para la participación con voz y voto en el congreso, necesitamos llegar a él con el mayor grado de participación posible incorporando a todas y todos los camaradas que, más allá de su actitud en los últimos tiempos, entiendan hoy la necesidad de la militancia como sustancial para conseguir la agudización del conflicto social y la recuperación de la confianza en la política y en nuestra política, de la toma de conciencia en la necesidad y la posibilidad de la emancipación. A efectos preparatorios ya está funcionando la comisión de organización y finanzas a cuyos trabajos están llamados los secretarios de organización de todas las agrupaciones a los que reiteramos esa obligación militante. Debemos esforzarnos, allí donde haya potencial militante pero no exista organización o esté desactivada, en generar o recuperar un mínimo organizativo germen de la extensión y recuperación del partido. Allí donde exista actividad regular debemos incrementar la afiliación como resultado de nuestra práctica proselitista a pie de calle y de nuestro trabajo en el tejido social crítico y organizado existente en nuestros ámbitos inmediatos.

 

La consecución de un congreso unitario en lo estratégico y lo organizativo, de verdadera unidad política, está en nuestras manos si pasamos del enunciado de esa necesidad a su práctica, si todos y todas vamos participando de las decisiones que orgánica y democráticamente vayamos adoptando y poniéndolas en práctica.

 

Debemos estimular, recuperar y fortalecer las agrupaciones con actos de denuncia y programáticos contra la crisis, para concluir con un gran acto central preludio de nuestro Congreso, y aprovechar que este año se celebra el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Además del incuestionable apoyo a todos los actos que en tal sentido se celebren federalmente, administraremos como PCM tan importante hito como elemento de rearme moral antes y después del Congreso, sin olvidar tampoco la trascendencia que debe cobrar la Fiesta del PCM en un año poscongresual y nuestra decisiva aportación al éxito de la Fiesta del PCE que nuevamente vuelve a Madrid.

 

El día 20 de enero hemos iniciado, en la Puerta el Sol, la Campaña de recogida de firmas por la transparencia de las cuentas de la Casa Real, que debe ser extendida por todas las Agrupaciones junto a la guía programática y nuestros materiales y publicaciones en la imprescindible presencia callejera.

 

Destacamos la importancia de los actos en los que, como todos los años, hemos de participar: en la conmemoración de los Abogados de Atocha, que en este año cobra especial relevancia por cuanto la fundación de CC.OO que lleva su nombre entregará sus premios anuales a camaradas tan significativos como Marcos Ana y Domingo Malagón. La cita es a las diez de la mañana del sábado 23 en el monumento de Antón Martín y a las once en el auditorio de Lope de Vega. Así mismo, todas y todos los que se encuentren con fuerzas, debemos estar en la Marcha contra la Corrupción que, organizada por IU y el Partido, partirá de la Plaza del Ayuntamiento de Seseña el próximo día 30 y concluirá el 31 alrededor de las 11 de la mañana frente a la puerta del Congreso de los Diputados, donde si debemos encontrarnos todos y todas. También es imprescindible nuestra asistencia al acto-mitin contra la crisis que, impulsado por los camaradas de Parla, va a celebrarse en dicha localidad, con la intervención de nuestro Secretario Federal, el domingo 21 de febrero y que debemos procurar que exceda del marco meramente comarcal.

 

Movilizaciones ya confirmadas con motivo de la presidencia española de la UE: el 24 de mayo se celebrará una manifestación antimilitarista en Madrid convocada por la Plataforma contra la Guerra en Afganistán, coincidiendo con la llegada a España del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

 

Es imprescindible no olvidar, antes y después del Congreso, desde las responsabilidades que tengamos o debamos asumir después de él, la necesidad de un PCM unitario, democráticamente cohesionado y unido en la praxis como colectivo resistente, pedagógico y beligerante frente al capitalismo actual y sus secuelas, le represente quien le represente, y de huir de cualquier desaliento o tentación posibilista o idealista por muy gratificante y justificativo que nos pueda resultar individualmente.